viernes 30 de diciembre de 2011

Agravios comparativos

Se respira indignación entre la
ciudadanía. Independientemente de que
la asignación a la familia real sea modesta
o desmesurada; de que los señores Blanco
o Camps o Costa sean inocentes o
culpables; de que los sueldos de
diputados, senadores, presidentes
autonómicos, alcaldes, concejales y demás
cargos políticos sean o no elevados.
Independientemente de todo lo que se
quiera, de las exigencias de los
empresarios, de los copagos que se están
aplicando o se pretende aplicar, de los
recortes de toda clase que se anuncian,
de las severas advertencias que se nos
hacen acerca de lo difíciles que van a ser
los tiempos que se avecinan ahí está ese
salario mínimo congelado que, comparado
con las cantidades que se manejan en
aquello que se quiera de lo ya citado,
resulta ridículo en su cuantía; en la del
salario y en el ahorro que esta
congelación pueda suponer. Eso sí que es
el chocolate del loro.
Pero hay algo peor, que es cuando se
comparan todos esos salarios o
asignaciones de nuestros dirigentes y
gobernantes con los de otros países "de
nuestro entorno". Porque nunca, cuando
se recurre a ese manido argumento, se
comparan los salarios de los sufridos
ciudadanos españoles con los esos países
a los que se alude solo cuando interesa.
Ya puede el Rey urgir a restituir la
confianza en las instituciones; buena falta
hace.

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