martes 24 de enero de 2012

Bienvenidos al infierno

Fiel a su costumbre de llegar tarde a todos los
sitios, el Banco de España ha corroborado las
estimaciones del FMI, y ha augurado que en
2012 la economía se contraerá un 1,5 % y que
la recesión se prolongará hasta 2013, cuando se
volverá a crecer de forma raquítica un 0,2 %.
Las huestes del gobernador no pierden un
segundo en analizar si es posible otra política
económica que evite nuestros descenso a los
infiernos, sino que vuelven a reclamar una
profunda reforma del mercado laboral, sin la
que, según predicen, la tasa de paro superaría
el 25%.
No hay que ser un genio para advertir que si
creciendo un 0,7 % en 2011, el desempleo -a
falta de que la EPA del último trimestre lo
certifique- ha podido engordar en 500.000
personas hasta alcanzar los 5, 2 millones de
parados, una contracción de la economía del
1, 5% puede ser dramática. Tampoco hay que
ser Einstein para comprobar que la reforma
laboral no es ninguna panacea, ya que con una
legislación idéntica la tasa de paro no llega al
12% en Navarra y se aproxima al 31% en
Andalucía. Igual ocurre con la de actividad, que
ronda el 68% en Baleares y no llega al 52% en
Asturias.
Parece evidente que la principal causa del
desaforado aumento del desempleo no es la
rigidez del mercado de trabajo sino una política
económica cuyo objetivo principal no es el
crecimiento sino la reducción del déficit.
Estrangulada la inversión pública, el Estado no
crea empleo sino todo lo contrario, embarcado
como está en su dieta de adelgazamiento. Sin
los incentivos públicos, con los canales de
financiación cortados y con la demanda exterior
en retroceso, no cabe esperar nada del sector
privado, salvo que acelere la destrucción de
puestos de trabajo.
Y como a más recortes, menos ingresos fiscales,
es más que previsible que la recesión dispare de
nuevo los costes de financiación de la deuda
pública, a cuya ubre irán a mamar los bancos en
vez de centrarse en dar créditos y relanzar el
crecimiento. Con esta situación, el único consejo
de los expertos del Banco de España es
acometer cuanto antes otra reforma laboral.
Sería para reír si no fuera para llorar.

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