domingo 29 de enero de 2012

Estamos tocando fondo II

Lo paradójico de la absolución de Camps es que
en su inocencia no cree ni él. Tampoco los
suyos, de ahí que su rehabilitación política no
sea inmediata, como correspondería a un
presidente apartado de forma temporal, tras
demostrarse su inocencia y, sobre todo, si como
afirman los puntos en los que se basa la
resolución absolutoria del jurado, ha sido
víctima de una trama por parte de policías,
fiscales y jueces dirigida nada menos que por el
sastre José Tomás, ese al que Trillo ponía en
duda porque no tenía título que avalara su
condición de sastre que, como todo el mundo
sabe, cualifica y pondera el testimonio de
cualquier testigo.
Esta trama urdida por el sastre que le ha valido
a Camps la absolución, produciría alborozo y
risión si no fuera porque de nuevo pone en tela
de juicio, y valga la redundancia, ya que de
sastres y Justicia hablamos, la capacidad del
sistema para resolver lo evidente y la
indefensión en la que quedamos los ciudadanos
ante el disparate de reacciones absurdas que
este esperpento ha generado en nuestros
próceres, que no parecen haberse sorprendido
ni indignado con lo que se ha escuchado en las
sesiones del juicio, más bien al contrario, han
celebrado la absolución como si los acusados
hubieran sido rescatados de entre los escombros
tras un terremoto.
Mala pedagogía para los ciudadanos y
legitimación por parte de la clase dirigente de la
derecha española de aquella escuela que nació,
precisamente, en la Comunidad Valenciana, que
definía la política como una extraordinaria
oportunidad para forrarse.

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