La reacción de algunos líderes del PP ante la
sentencia de Camps delata su sentido ético: se
definen más cerca del latrocino que de la
honradez. Se pregunta Dolores de Cospedal:
“¿Quién repondrá la honorabilidad de Camps y
Costa?”. Esa tarea es imposible después de lo
visto y oído durante el juicio, pero cabe
presumir que a esta señora la cohabitación de
los altos cargos de la Administración con
presuntos delincuentes encarcelados que,
presuntamente, roban las arcas públicas,
certifica la honorabilidad. Otra cuestión es que
un jurado popular decida por un solo voto que
no se ha podido probar la existencia de regalos
que los acusados, por otra parte, agradecen con
un entusiasmo en lo afectivo propio de
enamorados.
Vivimos tiempos de júbilo para los afines a la
ideología de los absueltos, y de desánimo para
los demás, como si el dinero que sustraen los
corruptos fuera sólo de los que no les votan.
Cabe preguntar a doña Dolores, siguiendo el
estilo del presidente de la nación, que siempre
ha estado en comunicación con Camps y nunca,
por lo visto, ha dudado de su inocencia (a
diferencia del propio acusado que redactó un
documento declarándose culpable que decidió
no entregar en el último momento) : ¿quién
repondrá la honorabilidad a los testigos que han
pasado por la sala aportando inequívocas
pruebas de culpabilidad de los acusados? Y, por
último: ¿quién repondrá el caviar en la despensa
de los absueltos? El negocio es rentable.
Camps se declara feliz como militante del PP: es
el partido que le corresponde, ahí está entre los
de su condición, le comprenden y le respetan.
Artículos que encuentro en la Red y que me parecen interesantes... o no. Cosas que me pasan y asuntos propios de menor importancia.
sábado 28 de enero de 2012
Estamos tocando fondo
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