Comienzan los juicios contra el juez Garzón y la
afición se divide. Los que son críticos con él
destacan otros procesos del pasado con los que
no están de acuerdo, pero cabría apuntar que
no son aquellas supuestas irregularidades
procesales las que le llevan al banquillo.
A mí no me cabe duda de que está siendo
víctima de una persecución ideológica por parte
de la judicatura. Le esperan tres procesos y lo
irregular es que en ninguno de ellos existe
acusación de la Fiscalía. Le han negado testigos
y recusaciones, dándose la esperpéntica
circunstancia de que alguno de los magistrados
que tienen que juzgarle con “imparcialidad” le
acusa en otro proceso donde, además, actuó de
asesor de la acusación particular para que la
demanda prosperara. ¡Ay, qué risa!
En fin, que en un país donde un juez que llama
putas a las madres solteras, maricones a los
homosexuales que deciden casarse, que veja a
sus empleadas, es condenado a pagar 3. 000
euros; donde un juez de Marbella que recibía
sobornos a cambio de archivar casos es
apartado temporalmente; donde se ha puesto
en el Constitucional (a instancias del PP) a un
magistrado relacionado con la represión del
franquismo, que portaba pistola y la sacó en una
riña de tráfico; que en ese mismo país, la
Justicia pida 17 y 20 años de inhabilitación a
Garzón por una cuestión de interpretación de la
ley, huele muy mal.
Ante el lío que se ha armado, algunos exigen
respeto por la Justicia. Yo lo tengo, y creo que
más que algunos encargados de administrarla
que nos obligan a vivir esta bochornosa farsa
sectaria.
Artículos que encuentro en la Red y que me parecen interesantes... o no. Cosas que me pasan y asuntos propios de menor importancia.
domingo 15 de enero de 2012
Lo que las togas no tapan
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